Unamuno, el hombre

Juan Antonio Monroy

Unamuno, el hombre

El trágico sentimiento religioso de Unamuno (1)

 
Unamuno, el hombre
 

 Cuando muere cumple un anhelo de paz y de eternidad expresado unos treinta años atrás en un largo Salmo. 

22 DE SEPTIEMBRE DE 2012

 
Centros culturales y universidades, especialmente la de Salamanca, están llevando a cabo actos especiales para conmemorar los 75 años de la muerte de Miguel de Unamuno, hecho ocurrido en Salamanca el 31 de diciembre de 1936. Este 2012 ha sido oficialmente declarado “Año Unamuno”. PROTESTANTE DIGITAL quiere unirse al importante acontecimiento ofreciendo a sus lectores una serie de artículos que irán analizando las creencias religiosas del gran pensador. Este es el primero de la serie.

http://www.protestantedigital.com/ES/Magacin/articulo/4993/Unamuno-el-hombre

 

“El problema del sobrenatural en Miguel de Unamuno”, de A. García Nuño

 

El problema del sobrenatural en Miguel de Unamuno. Alfonso García Nuño. Ediciones Encuentro, 2011, 1008 pp., 48 €.

Por Carlos Javier González Serrano.

Quizás el nombre de la editorial en que se publica esta enjundiosa y completa tesis doctoral de Alfonso García Nuño (profesor universitario y articulista en diversos medios escritos) venga que ni pintado para la presentación de esta voluminosa obra, en la que se nos propone un necesario re-encuentro con una de las figuras clave del pensamiento y la literatura de nuestro país: Miguel de Unamuno, personaje clave para entender la cultura española y la evolución de nuestro pasado más reciente en algunos de sus momentos más importantes. Ya lo anuncia en el Prólogo el reconocido especialista de la obra del que fuera rector de la Universidad de Salamanca, Ciriaco Morón: «el profesor García Nuño ha escrito la exposición más extensa y sistemática que yo conozco sobre el pensamiento de Unamuno. [...] Es un libro de pensamiento riguroso, con la estructura de una obra de arte, y con el entusiasmo de un maestro, que se contagia a sus lectores».

http://www.culturamas.es/blog/2011/11/30/el-problema-del-sobrenatural-en-miguel-de-unamuno-de-a-garcia-nuno/

 

Virtudes públicas en J. Ortega y Gasset

En vez de disputar integremos nuestras visiones en generosa colaboración espiritual y como las riberas independientes se aúnan en la gruesa vena del río, compongamos el torrente de lo real

Hablar de virtudes públicas o laicas es como una denuncia de la virtud privada, intimista y beata, que nos ha ido metiendo cada vez más abajo en el pozo sin fondo de nuestro yo. En ese pozo no hay redención solidaria del hombre, por lo que hay que emerger a la superficie, para no malbaratar la virtud en las profundidades del alma.

 

http://blogs.periodistadigital.com/franciscomargallo.php/2015/04/11/virtudes-publicas-en-j-ortega-y-gasset-27

Lo que sé de Ortega

10 DE MAYO 2015 - 00:01

Los cursos de Ortega y Gasset eran un acontecimiento estelar en la Universidad de Madrid, capaces de provocar trifulcas entre los asistentes y la roncha de sus colegas. No solo asistían los alumnos admitidos en el programa de Filosofía, sino también los que se enteraban de la presencia de un hombre con cosas qué decir en un ambiente de incertidumbre. Una legión de muchachos se apresuraba a ocupar los pupitres, para no tener que escuchar las lecciones colgados de la ventana por el descuido de no llegar a tiempo. El alboroto cesaba cuando el maestro abría un cuaderno grande forrado en cuero, lleno de anotaciones que leía o comentaba con tono cansino y sin matices. No procuraba ganancia de prosélitos, sino hablar sobre lo que pasaría en España según sugería el talante de una sociedad, apuntaba él, colocada desde sus orígenes en las faldas de un volcán.

Nadie abría la boca ante la presencia de Ortega. Quizá ciertos colegas  venerables, pero solo ellos. Muchos de los catedráticos, arrinconados por su prestigio y pobres de alumnado, no lograban explicar el imán de quien no se distinguía por nada revolucionario que le concediera lugar exclusivo en el teatro de la cultura, mucho menos por los atractivos del verbo o por una presencia física imponente, pero seguían en su rincón para contemplar el paso del afortunado conferencista secundado por una caravana de admiradores y lectores. Era más venenosa la envidia que generaban los jóvenes a quienes convocaba para hablar a solas en la meseta castellana, colegas o discípulos predilectos con quienes quería “discutir” sin el testimonio de las multitudes: Zubiri, Gaos, García Morente y María Zambrano, por ejemplo, quienes se limitaban a escucharlo sin chistar y se regodeaban en el hermetismo de no decir a los excluidos lo que “discutían” con don José. Pero a veces alardeaban, al afirmar que cruzaban palabras sobre lo que había sucedido con toros y toreros en la plaza monumental. Volapié fulminante para los curiosos defraudados, que no entendían cómo un letrado formado en Alemania se entusiasmara por los trincherazos de un tocayo vestido de luces.

Los textos de divulgación en la prensa y sus anuncios sobre una inminente crisis de la sociedad lo llevaron a la política activa. Hizo entonces lo mismo que hacía en la universidad, pero desde la tribuna del Parlamento: hablar sin interlocutores de igual calidad sobre la reforma y la modernización de la nación española. Fue cabeza de una Agrupación al Servicio de la República, pero también un crítico severo de los fundamentos legales del sistema que se estrenaba. No congenió con las consideraciones otorgadas entonces a las regiones de una comunidad todavía “invertebrada”, ni con las restricciones al influjo de la Iglesia católica en un ambiente colmado de amenazas y conminado por sorpresas desagradables. Tales posturas alejaron a muchos de sus discípulos rabiosamente republicanos, incluso a sus oyentes de la meseta castellana. Dijeron entonces que hacía demasiados coqueteos con la tradición y tenía poca paciencia con el futuro. Quizá después no fuese realmente exigente con los triunfadores de la guerra civil, hasta el extremo de negarse a visitar la España de Franco como hicieron muchos de sus antiguos compañeros de camino, pero las virtudes de caballero impecable lo alejaron del sendero de la indignidad.

 

 

Aparte de sus obras de contenido filosófico, que más incumben a los especialistas que a los usuarios comunes y corrientes, España encontró en él una fuente de modernidad del pensamiento en sentido general. En cuanto a nosotros, los relacionados por razones históricas con la cultura peninsular que un día dejó de tener Pirineos debido a los trabajos del maestro, contamos con  la posibilidad de leer en nuestra lengua la sabiduría de imprescindibles autores europeos en las páginas de la Revista de Occidente. Por si fuera poco, tuvimos la enseñanza y el ejemplo de sus discípulos “transterrados”, quienes renovaron la vida intelectual de América Latina cuando se convirtieron en lúcidos mentores de centenares de discípulos que ya vamos para viejos. Hoy, por fortuna, su nombre se asocia a las luchas de un gran venezolano: Teodoro Petkoff.

http://www.el-nacional.com/elias_pino_iturrieta/Ortega_0_624537671.html

 

Democracia Morbosa

Las cosas buenas que por el mundo acontecen obtienen en España sólo un pálido reflejo. En cambio, las malas repercuten con increíble eficacia y adquieren entre nosotros mayor intensidad que en parte alguna.

 

En los últimos tiempos ha padecido Europa un grave descenso de la cortesía, y coetáneamente hemos llegado en España al imperio indiviso de la descortesía. Nuestra raza valetudinaria se siente halagada cuando alguien la invita a adoptar una postura plebeya, de la misma suerte que el cuerpo enfermo agradece que se le permita tenderse a su sabor. El plebeyismo, triunfante en todo el mundo, tiraniza en España. Y como toda tiranía es insufrible, conviene que vayamos preparando la revolución contra el plebeyismo, el más insufrible de los tiranos.

http://www.jornada.unam.mx/2005/11/27/sem-democracia.html

San Manuel García Morente, por D. Manuel Guerra

Gabriel Ariza 21 abril, 2015

manuel-garcia-morenteDon Manuel Guerra escribe en su blog una reseña sobre la vida del autor de “El Hecho Extraordinario”.

¡Pero, si no ha sido canonizado!, estará pensando el lector. Es verdad, aunque obispos como el venerable José María García Lahiguera -su director espiritual- y Leopoldo Eijo y Garay – el obispo de su diócesis: Madrid-Alcalá- han subrayado su mucha virtud y su santidad (cf. 5.2.2). Una pregunta: ¿por qué no se ha incoado el proceso de canonización de este filósofo e intelectual español?  Porque, a mi juicio, se lo merece, le dedico esta bitácora a finales de abril ya que precisamente nació el 22 de abril de 1886 y su conversión acaeció el 29 del mismo mes (año 1937) cuando Morente tenía 51 años de edad. Además, “el catedrático Manuel García Morente es una personalidad grandemente famosa en la historia de la filosofía española. No obstante, si no es mayor su celebridad, se debe  a la ley del silencio que ha caído como espada de Damocles sobre tantos intelectuales a los que no se les perdona que se hayan convertido al cristianismo” (García Morente, M., Pribeh Konverse. Neobycejná událost. A Deník duchovnich cvicènti, editorial Triton, Vykáská 2014 (Presentación de. José Mª Montiu de Nuix, que me la ha remitido traducida del checo al español. Además contiene el Hecho extraordinario y el Diario de los Ejercicios espirituales de Morente en checo). Esta bitácora pretende contribuir a reparar su olvido.

Conviene adelantar la bibliografía. Como es muy extensa me limito a consignar la que he usado.Fuentes: García Morente, Manuel, Obras completas, Anthropos-Fundación Caja de Madrid, Madrid 1966 (dos tomos de dos volúmenes cada uno, citado a partir de ahora porObras). IDEM, Diario de los Ejercicios espirituales, Espasa-Calpe, Madrid 1961 (= Diario) (Obras, II/2, 442-500); IDEM, De la Metafísica de la Vida a una Teoría general de la Cultura (curso en Buenos Aires, 1934 en Obras, I/1,353-532 (citado: Metafísica); IDEM, Lecciones preliminares de Filosofía (curso en la Universidad de Tucumán, curso impartido en 1937, publicado en 1938. Citado Preliminares) en Obras, II/,3-314; IDEM, A Monseñor Eijo Garay (Tucumán, 27.4.1938)en Obras, II, 2, 507-513 (citado: Carta Eijo). De El Hecho extraordinario(relato de su conversión) hay varias ediciones: Rialp (1957, 1986, 1996, 2002, 2006, 2009, 2015), Espasa-Calpe (1951, 1953, 1956,cf. Iriarte), BAC (2003), Encuentro (2015), pero reproducen el “borrador” de la carta entregada a don José María García Lahiguera en septiembre de 1940. Tras la muerte de Morente lo encontró su hija Mª. Josefa. Es el texto que figura en sus Obras completas (II/2, 415-441) El texto original, conservado en el archivo de su destinatario (mons. Lahiguera), ha sido publicado por José Mª. Montiu (Vida y pensamiento, pp. 404-421) y por la familia Morente (ediciones San Esteban, 2008). Aquí lo cito como Carta, pero no por la paginación de este libro, sino por la del texto manuscrito de Morente que consta de 68 hojas. Aunque las diferencias entre ambos textos sean numerosas (800 según Montiu, o. c. 403), pocas son importantes.

Bibliografía: Barres-García, Carlos, Un viajero hacia el infinito. Itinerario espiritual de Manuel G. Morente,Borealia, Barcelona 2005IDEM, Proceso de una conversión, Don Manuel García Morente, San Pablo, Madrid 2000; Bonelli García-Morente, Carmen (nieta de D. Manuel, religiosa de la Asunción como su tía Carmen –hija menor de D. Manuel, viva con 96 años de edad-), tres mensajes electrónicos, días 14, 17 y 18, abril, 2015 (citado Carmen Bonelli G.-Morente); Domínguez Prieto, P., Manuel García Morente: el filósofo que abrazó al Dios verdadero en AA. VV., Seminario conciliar de Madrid (1906-2006), Madrid 2008, 149-156; Forment-Giralt, Eudaldo, La interpretación de santo Tomás como “filosofía abierta, “Cuadernos de pensamiento” 2 (1988) 147-169 (el estudio más profundo sobre la fase tomista de Morente); García-Morente, Mª. Josefa-García-Morente, Carmen, EpílogoGarcía Morente, nuestro padreen Obras, publicado en Escritos desconocidos e inéditos (1986) y como Epílogoen Obras, II/2, 573-594 (=Epílogo); de Iriarte, Mauricio, El profesor García Morente, sacerdote. (Escritos íntimos y comentario biográfico), Espasa-Calpe, Madrid 1956 (= Biografía); Molina Prieto, Andrés, Valoración teológica del “Hecho extraordinario” en la conversión del profesor. Don Manuel García Morente, Boletín del Instituto de Estudios Gienenses” 131 (1987) 21-49; Montiu de Nuix, José María, Manuel García Morente. Vida y pensamiento, Edicep, Valencia 2010 (tesis doctoral-Premio Extraordinario en la Universidad de Barcelona) (citado Montiu); IDEM, Manuel García Morente, el catedrático: de cosmovisión sin Dios a llama de amor, Edicep, Valencia 2011; Palacios , Juan Miguel-Rovira, Rogelio, Prólogo de sus Obras completas, I/1, IX-XXXV.

  1. DE NIÑO DE RELIGIÓN CATÓLICA A ADOLESCENTE AGNÓSTICO

Manuel García Morente (1886-1942) nació en Arjonilla (aldea de Jaén) aunque paso su niñez hasta los ocho años en Granada. Ordinariamente, en la infancia, los hijos hablan la lengua materna y profesan la religión de su madre. Con el paso de los años pueden aprender otro idioma y convertirse a otra religión. Morente no fue una excepción. Su madre, Casiana Morente Serrano (prima carnal del general Francisco Serrano regente, jefe del gobierno, masón) era católica practicante; educó a sus hijos (Guadalupe, Carmen, Manuel) en la fe católica y en sus prácticas de piedad. Inmediatamente después de su conversión y antes de El Hecho (extraordinario) la figura de su madre irrumpe en la memoria de Morente: “Recordé mi niñez; recordé a mi madre, a quien perdí cuando yo contaba nueve años de edad, me representé claramente su cara, el regazo en que me recostaba, estando de rodillas para rezar con ella; lentamente, con paciencia, fui recordando trozos del padrenuestro…” (Carta,  44). “Lo primero que haré mañana, será comprarme un libro devoto (seguramente en recuerdo de los “Devocionarios” usados por su madre) y algún buen manual de doctrina cristiana” (Carta, p. 48).

En cambio, su padre, Gumersindo García Corpas, se especializó en París junto a un excelente oftalmólogo. Junto a él ejerció su profesión varios años -incluso tras su matrimonio- hasta que puso su consulta en Granada. Vivía zambullido en la corriente liberal, laicista, anticlerical, librepensadora e ilustrada. A Francia envió a sus hijos a estudiar; a las hijas a un pensionado de religiosas en Anglet (cerca de la frontera española), donde veraneó la familia algunos años; a Manuel al internado del Liceo Nacional de Bayona. Lo hizo impulsado por la fascinación que sentía por lo francés y por su ideología laicista. Ya en 1886 se había eliminado la enseñanza escolar de la religión en Francia.

Lea la bitácora completa aquí.

http://www.camineo.info/news/148/ARTICLE/35095/2015-04-23.html